Que miras? ¡Es mia!

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Cuentos

EL JARDINERO Y LA ROSA
(Una amiga me pido que le pusiera este cuento aquí, os lo dejo espero que os guste)

Había una vez un anciano que tenía un precioso jardín. Pero, pese a ser la envidia de sus vecino, el viejo jardinero no era feliz.

Tras muchos años de dedicación y múltiples cuidados, nunca había logrado criar una bella flor. El rosal que presidía su jardín, aunque grande y fuerte, sólo proporcionaba pequeñas rosas de tristes y apagados colores. Esto llenaba de amargura al jardinero y entre sus amigos era conocida su apatía y mal humor.

Sin embargo, todo cambió una soleada mañana de primavera. Llegó a su jardín como todos los días dispuesto a regar y cuidar sus plantas, pero lo que vio lo dejó paralizado y una gran sonrisa se dibujó en su cara. Allí, justo enfrente de él, crecía una rosa de un rojo intenso. Era la flor más bonita que él jamás hubiera imaginado y por supuesto la más preciosa que nunca nació de aquel rosal.
La alegría inundaba todos los poros de su piel y no podía apartar la vista de aquella maravilla. Así que decidió no separarse de aquella preciosa rosa y darla todos los cuidados necesarios.

Y eso fue lo que hizo. A partir de ese día de primavera, no abandonó ni un momento el rosal y su flor; no comía, no dormía y empezó a descuidar el resto de plantas de su jardín. Pero aún así, el jardinero era feliz.

Pasaron los días y la rosa empezó a perder su color, su perfume y se fue marchitando poco a poco. El viejo jardinero no sabía que hacer, después de tantos cuidados, tanto esfuerzo, estaba desolado. Si por él hubiese sido habría conservado aquella rosa eternamente, pero no podía ser y el proceso de la vida la llevaba a su fin.

Lloró y lloró hasta que quedó sin lágrimas. En la mano sujetaba la flor ya muerta, la ilusión de su vida, que era tener la flor más bonita del mundo en su jardín, se deshacía entre sus dedos.
La rabia se apoderó de él y la emprendió a golpes con todas las plantas que estaban a su alrededor, mientras gritaba que no volvería a cuidar de ninguna otra flor. Cuando estaba a punto de terminar con el rosal, vio que entre las hojas asomaba una nueva flor, una rosa amarilla tan brillante que parecía que reflejaba el sol entre sus pétalos, una flor que le hizo olvidar cualquier otra flor que hubiera nacido en su jardín.
En ese momento recordó que todo en la vida es efímero, incluso lo más insignificante, que hay que disfrutar y aprovechar lo que la vida te ofrece en cada momento y nunca llorar por aquello que quedó atrás.


yoqui



Mujer de Plastilina

Era dulce, seria, de mirada impertinente, era una mujer fría con calidez latente, evitaba sonreír, oscurecía la luz de su cara voluntariamente, con autodisciplina.

Culta, inteligente, hábil, pero dispersa, con buen gusto pero evasivo, inconstante, insegura pero radical, era como el mercurio que te atrae jugar con el durante horas sabiendo que es casi imposible mantenerlo en tus manos sin tu total atención y que cuando menos lo esperas se cuela derramándose entre tus dedos. Era serena, pausada, segura en esa consciencia de la fragilidad de los demás aun sabiendo de la suya propia. Era de pocas pretensiones pero con un deseo absoluto y férreo de su entorno, era alguien que no vivía por controlar su vida, que mas deseaba que sentía por que cuando sentía se perdía así misma.

Era una Mujer de Plastilina, en manos del que en ese momento fuera hacedor de sus días, del hacedor de su entrega, del hacedor de su olvido, pero deformable. Una vez acabada y maleada esa apariencia empezaba a cambiar cuando minimamente te alejas de ella, su naturaleza la hacia volver al amasijo que lo "que era" representaba.

Con la riqueza "de lo creativo" que cualquiera puede ser con ella, al final solo era Una Mujer de Plastilina, que puedes dar cualquier forma, incluso animar, pero que es solo lo que es, sin mas, una masa de materia que no puedes mantener, ella es La Mujer de Plastilina.

Espero que os guste.

Hard



La Ardilla y La Nuez.

Era una tarde de primavera templada, había varias ardillas juguetonas que con sus ruiditos de fondo en el trasiego de idas y venidas a por nueces, jugueteando al mismo tiempo escandalizaban animosamente el entorno, no había depredadores habituales así que había cierta tranquilidad. Un pájaro carpintero estaba sobre el tronco de un árbol picoteando con su pico la corteza primero y después la madera del mismo buscando insectos y larvas con las que se alimentaba, de cuando en cuando paraba para prestar atención a las ardillas. Un paciente búho adormilado ya que era su hora de estar inactivo, guiñaba un ojo y volvía a conciliar el sueño. Cientos, quizá miles, de pequeñas criaturas pululaban invisiblemente por el entorno.

Todo parecía estar en orden, los animales de esa parte de ese bosque, pasaban un día cálido normal de primavera.

Sin embargo, pasado un largo rato llegaron un grupo de personas en silencio, buscando asentarse en el bosque, en principio les pareció acogedor ese rincón, se asentaron, repartieron sus enseres por doquier, y limpiaron una amplia parte del centro de ese acogedor paraje, el entorno enmudeció, el búho despertó, el pájaro carpintero paró, las ardillas fueron a su agujero en un cruce de ramas de un grueso árbol, asomando sus hocicos para mirar, todos estaban atentos a esa gente que llego, la actividad de sus vidas cambio, y estaban atentos a lo que pasabas listos a salir corriendo o volando según el caso si fuera necesario.

Las gentes reían, lo pasaban bien ignorantes de que al apartar hojarasca y ramas de la zona limpiada para acomodarse, habían cambiado la forma de vivir de cientos de pequeños animales que sin entender siquiera habían de tomar otros derroteros en sus vidas de forma instintiva, entre ellos... el pájaro carpintero, que después de horas de buscar un sitio donde comer tuvo que parar, el búho que despertó a una hora inadecuada, y las ardillas se habían visto obligadas por temor a cesar su divertida actividad de buscar nueces y juguetear.

Al rato la gente estaba entregada a su actividad, el búho quieto observando con los ojos bien abiertos, y el pájaro carpintero cogido al tronco del árbol en silencio observaba alzando su cresta de cuando en cuando como síntoma de incomodado. Entonces una de las pequeñas ardillas asomo la cabeza, nerviosa miro y miro, y saco medio cuerpo, a notar que no haba interés por ella, salio del todo confiada, y observo, y decidió seguir con su actividad pero sin hacer ruido, al rato otra de las ardilla la siguió y se dedicaron al trajín de ir coger nueces, mordisquearlas y nerviosas estar atenta a toda aquella gente nueva y diferente a lo que día a día conocían y solían ver.

Las ardillas al cruzarse correteando de una rama a otra y cogiendo nueces, casi sin darse cuento volvieron a los juegos y emitiendo ruidos parecieron volver a estar en su actividad normal y rutinaria, el búho confiado de verlas se contagio de su confianza y volvió a cerrar los ojos, el pájaro carpintero dio por finalizada la alerta y siguió con sus quehaceres de picotear la madera del árbol buscando su apetitosa comida, y todo parecía estar de nuevo en armonía.

Las gentes, esas personas curiosearon los ruidos que emitían las ardillas y el pájaro carpintero, descubrieron al búho inanimado en una rama como si de una escultura se tratase, los obvio como algo normal de ese entorno del bosque, y continuaron pasando agradablemente el día, cuando terminaron recogieron todo lo que llevaban incluso sus basuras y se fueron.

Con el silencio y una de las veces que bajo la ardilla al suelo, en búsqueda de alguna nuez caída de ese pequeño nogal cercano, noto que una amplia explanada estaba libre de hojarasca, de vegetación, de ramas, totalmente llana, mirando interesada por ese sitio tan libre cogió una pequeña nuez y con habilidad la abrió, saco su fruto y con el entre las manos dando pequeños saltos lentos y firmes se puso en el centro de ese llano y despejado lugar, y mirando a su alrededor sintió que era un buen sitio para comer con tranquilidad, con todo su entorno a la vista, desde donde podía apreciar cualquier peligro, con un gran árbol a escasos saltos de ella y donde entraba una claridad especial del sol, y decidió que era un buen lugar para comer, y así lo hizo durante días.

Todos los días rutinariamente iba a ese lugar a comer cuando el sol lo iluminaba y de cuando en cuando, le acompañaba alguna otra ardilla. Su actividad, sus idas y venidas, su permanencia, los restos de nueces que caían al suelo en ese lugar mientras comían, hacían de ese lugar un sitio visitado por otros animales y criaturas del bosque, unas por los restos de comida que caían, otros por coger de suelo sueltas las pequeña semillas que las ardillas portaban en sus idas y venidas, unos por cazar en zona abierta con mas facilidad que entre hojarasca y todos por que una zona en condiciones diferentes se había creado en esa zona del bosque.

La ardilla en una de sus ultimas idas y viendo que ese claro poco a poco dejaba de existir y que volvía a ser una zona peligrosa, que ya era difícil ver "un poco mas allá" decidió que algo había cambiado, y correteo un poco con otras ardillas por allí, pero ya sin demasiado interés, en una de esas carreras, una simiente de nogal que llevaba le cayo y quedo atrapada en una zona muy adecuada para su fertilidad, y la ardilla olvidando su nuez, allí la dejó, volvió a su quehacer diario, y la nuez fertilizo, echo raíces, se reafirmo en el terreno, espero las primeras lluvias para anclarse a la tierra de forma definitiva, y empezó su andadura desde salvarse de ser el alimento de una ardilla curiosa "que fue a un lugar que al acontecer en el un cambio con respecto al entorno" preparo un lugar adecuado para que ese nogal pudiera crecer, hacerse un gran árbol y beneficiarse de un lugar especial en el bosque, con lo que seria uno de los mas fuertes por estar en inmejorables condiciones, y sus semillas harían que otros nogales resultaran de mejor especie, por esa inapreciable selección  que aprovecha siempre la naturaleza.

"Los cambios no tienen por que ser malos ni perjudiciales para el entorno, algunos preparan la tierra y la abonan para que algo bonito y especial suceda precisamente por lo diferente de la situación, solo en condiciones diferentes pasan cosas diferentes, como se puede apreciar en esta historia de La Ardilla y La Nuez". Esto pasa también en la propia vida, de ahí que todos debamos arriesgarnos como la ardilla para participar en la siembra (aun sin saberlo), o limpiemos un entorno de nosotros mismo para que alguna cosa externa florezca.

Espero que os haya gustado.

Hard



1 comentario:

  1. Me gusto el de la mujer de plastilina, no se si es bueno o malo, pero me gustó.

    Ale.

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